¡Redención para Pármeno! Reflexiones sin cabeza

¿Cuántas veces creemos que una persona es de una forma y luego resulta ser de otra? Tristemente, unas cuantas. Nuestro entusiasmo nos hizo auparla a la peana de nuestros afectos o, simplemente, un día cambió nuestra forma de mirar… ¿Cuántas veces nos hemos creído que éramos así y resultamos ser de aquella manera? Muchas menos, casi ninguna. El bosque apenas se distingue cuando se está justo en su centro. Y es que desenmascararse a uno mismo, ¡uf!, eso sí que tiene bemoles... La literatura nos ofrece la posibilidad de asistir a estos procesos sin correr ningún riesgo… Los personajes de Shakespeare, por ejemplo, comienzan a hablar solos en el diván del escenario para averiguar el origen de sus desdichas o que son unos redomados monstruos.

En nuestra Tragicomedia podemos descubrir con algo de atención que las cosas no son como parecen. Pármeno, por ejemplo, ha sido retratado comúnmente como el criado fiel que, engañado por Celestina y abandonado por su amo, se ve precipitado hacia un aciago destino. ¿Y si no fuera cierto? ¿Y si Pármeno escondiese cartas que no quiere mostrarse ni a sí mismo?

Y es que las grandes obras siempre esconden sorpresas: son una fiesta en que las apariencias se dinamitan, aunque, a veces, avancemos sonámbulos en la lectura y no nos demos cuenta. ¡Hasta que caemos! Como en la vida… Y asombra que unas páginas escritas hace quinientos años alberguen tan gigantescos mapas del alma humana. ¿Dónde encontrar retratos tan sutiles hoy en día? En un mundo discursivo dominado por personajes planos o maniqueos, es toda una fiesta descubrir un personaje como Pármeno que, sin ser protagonista, nos ofrece todo un microcontinente de emociones y motivaciones. Porque eso es la gran literatura: encontrar un pequeño «aleph», como el de Borges, en cualquier rincón del libro.

Pármeno, en su particular infierno literario en el que le abandonó el Bachiller, medita sobre su suerte. Además, la cabeza separada del cuerpo, estado con el que le despachó la Tragicomedia, le llena de zozobra. Y es que todo personaje trágico, o tragicómico, debería tener una segunda oportunidad... ¿O no?

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ELENCO

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Javier Rodríguez

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Icíar Ventepan

Olga Palma

Dirección: Roberto del Castar

Autor: Alberto Gálvez

Dirección escenográfica: Roberto del Castar