Fantasía Flamenca para Celestina
y V Pecados Capitales

SINOPSIS (PRÓLOGO)

El subtítulo de esta dramaturgia está extraído de uno de los célebres versos acrósticos de la obra del inmortal pueblano... La sentencia, escrita hace medio milenio, no deja de sacudirnos y de provocar un profundo escalofrío... «Estando en el mundo yacéis sepultados...»... Hay que ser muy valientes para someterse al adagio, hay que estar muy vivo para no inclinar la cabeza ante semejante dedo acusador... Lo prudencial es mirar para otro lado o seguir circulando por la cuerda de alambre, como si tal cosa. Con esto, lejos de sobresaltar conciencias, solo queremos subrayar la gigantesca potencia que poseen los grandes textos, macerados a través de siglos de lectura y de ese misterioso crecimiento que tienen las grandes obras después de escritas. Pero, por supuesto, leer es «aburrido». Aunque más que «aburrido» deberíamos decir «laborioso», como lo es, por ejemplo, aprender un instrumento. Olvidamos que el placer más intenso atraviesa sí o sí el páramo del esfuerzo. En una cultura de la vulgaridad masiva y de la inmediatez del interfaz, decir esto suena a cosicosa carca o a nonada. Una sociedad que le da al Enter o al zapeo siempre será más «asequible» que una que le dé vueltas al lapidario verso de Rojas.

Pero volvamos a la salvaje cercanía de la Tragicomedia. Salvados sus ropajes y aroma del XVI, se nos abre una obra que nos habla abiertamente (y valientemente) de sexo, de avaricia, de envidias, de inconscientes hipocresías... De la sociedad y de la vida, en definitiva. Y en carne viva, sin moralinas ni elegantes envoltorios. Es el mundo azotado por las bajas pasiones, el imperio de los pecados capitales...

Es justamente esa visceralidad y proximidad de nuestro inmortal drama lo que lo sitúa en medio de las tablas de un arte insospechadamente hermano. Sí, entre parlamento y parlamento escuchamos un «quejío», un «arsa», un «toma», un jaleo... Porque el flamenco, ese estado de corajuda belleza y veracidad artística, nace justamente de una posesión... Los habitantes del tablao deben dejar paso al duende si quieren contarnos de verdad y con verdad una historia... ¿Y qué es el «duende»? ¡Oh, misterio...! O no... Para García Lorca el duende es «sonido negro», «rosa recién creada», «entusiasmo cuasi religioso»... Una religión de la verdad que pasa por encima de todas las convenciones y dulces geometrías aprendidas y nos sitúa al borde del pozo para precipitarnos al limo que nos reclama. El duende es un camino expedito a la muerte... ¿Y qué es La Celestina sino precisamente esto? Y en ese punto, el inmortal granadino señala justamente el lamento de Pleberio como paradigma de ese ejercicio de trágico volatinero que solo puede acabar en epitafio.

Y es que los protagonistas de la Tragicomedia se encuentran inmersos en ese funesto sonambulismo que les lleva a realizar piruetas en la azotea o en el brocal: ¡Cómo danzan todos poseídos! Calixto y Melibea por la lujuria dulce. Celestina por la sabrosa avaricia. Sempronio y Pármeno por la ira final... ¿Y qué mayor «duende» que ese triste Plutón conjurado con caldero y letras bermejas que precipita a todos hacia la muerte?

Nuestros abismos son nuestras pasiones, nuestros pecados capitales, nuestros sonidos negros... Y el flamenco es la danza que da cabida a todos ellos... Es así como tributamos este bosquejo de Celestina con braceo, floreo y cante... El dramaturgo, en este caso, se ha limitado a perfilar las «sendas flamencas» y los vértigos que precipitan a sus protagonistas contra el suelo o el acero de la abismada obra del bachiller Rojas. La aventura creativa y el arte corresponde a sus actores, cantores y bailaores. Al director osado que los congrega bajo su batuta. A todos ellos pido clemencia por mis sugerencias sobre palos y ambientaciones. Esperando que obvien mis veleidades, les deseo el mejor de los viajes de este feliz maridaje entre duendes.

Mi agradecimiento al Ayuntamiento de La Puebla de Montalbán por haber hecho posible este proyecto y mi gratitud a todos los artistas que con su cante, su baile y su verbo lo han llevado del cálamo a las tablas.

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Alberto Gálvez

Fantasía Flamenca para Celestina y V Pecados Capitales

ELENCO

Bailaora: Rocío Martín

Bailaor: Miguel Vallés

Cante: Juan Debel

Guitarra: David Durán

Percusión: Javier Valdunciel

Actriz: Amalia Hornero

Actor: Miguel Barrera

Dirección: Israel Muñoz

Autor: Alberto Gálvez

Coreografía: Rocío Martín y Miguel Vallés

Escenografía: Israel Muñoz, Klara Vinila, Alejandra Viñas, Fran Sánchez.

Atmósfera sonora: David Moreno Cantero

Diseño iluminación: Rosa Herrera

Sonido: David Moreno Cantero.

Vestuario: Silvia Arcavín